viernes, 28 de septiembre de 2007

PEDRO GARFIAS, poeta solitario

Vargas López con la magia de su peculiar narrativa y profundo conocimiento del tema, volvió a fascinar la atención del auditórium del viejo Hospital Civil en ocasión de la invitación que le hiciera la Asociación Cultural del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara Fray Antonio Alcalde para disertar sobre la personalidad del insigne poeta de la genial generación del 27, Pedro Garfias.

Inicia a describir con puntualidad el panorama político social de las postrimerías de la corta vida de la Segunda República Española, luego enmarcada en el terror de la conflagración fraticida que marcó su epílogo. Señala sus nefastas consecuencias, pues los que no cayeron en los campos de batalla, lo hicieron en los campos de concentración de Francia o en el exilio y el resto tuvo que llorar a sus desaparecidos. Luego centra la trama de su relato en el éxodo, particularmente en uno de los 1599 pasajeros del barco que lo condujo a tierras mexicanas, en Pedro Garfias, asteroide de la vanguardia literaria de España, el que suscribiera el manifiesto de ultraísmo y se codeara con Jorge Luis Borges, Rafael Cansinos Assens y Juan Larrea en el Café Colonial de Madrid en interminables tertulias con el eterno y obligado tema del movimiento de renovación radical que rompía los esquemas literarios establecidos, movimiento que se conoció como ultraísmo, para algunos aludido como surréalisme español, anticipado al de André Breton, y que Vargas analiza y define magistralmente en su disertación.

En forma alterna obsequia al auditorium con algunos de los grandes poemas y con incidentes de la vida del maestro en diferentes estados de la república. Al escuchar estos pasajes, particularmente su quehacer en Guadalajara de mediados del siglo XX, los lugares que frecuentaba y los nombres de sus interlocutores y amigos, recordé el impacto que éste hombre ocasionó a las peñas de intelectuales y a la bohemia de la Guadalajara de esos días, a las que algunas veces asistí en el café Apolo y el Casino Español. Por momentos imaginé que él así dialogaba y polemizaba en el café Colonial de Madrid.

En una hora de una mañana, Vargas con nitidez y elegancia pinceló la semblanza de un gran hombre y de su entorno, de un hombre que perdió una guerra, que perdió una patria y una familia, que lo perdió todo menos el genio que llevaba dentro, que fue deportado y exiliado y que siguió siendo un gran hombre; logró Vargas que los jóvenes le conocieran y se inquietaran para conocerle más a través de su obra y a los viejos nos hizo recordar y meditar si el ritmo de la vida no debe encarcelarse en los pentagramas de la métrica y truncarse bruscamente o si la metáfora, esa curva verbal que se traza entre dos puntos espirituales, es realmente el camino más breve de la existencia para alcanzar la felicidad.

Francisco Alfaro Baeza
Septiembre de 2007

Contribución original del Doctor Raúl Vargas López
A mediados de 1939 empezaron a llegar a México un grupo peculiar de españoles. Eran refugiados. Habían resultado derrotados en la contienda que entre la democracia y el autoritarismo se había escenificado en su país. En 1931 había surgido la República Española, rejuvenecida para los liberales de aquella época, una España que para otros había perdido sus auténticos valores en una monarquía de opereta y dictadura castrense, había terminado con la aparición de la segunda república. Ésa república recién nacida era flor y gala de humanismo y espejo de la universalidad hispana y de ingenio ibérico. Las generaciones de entonces dice Martínez de la Vega, bebíamos con sed insaciable las expresiones republicanas; los debates de sus cortes constituyentes, las diversas opciones que se ofrecían en ése renacimiento esplendoroso. Sentíamos seguía afirmando Martínez de la Vega, que habíamos reencontrado a la España inmortal y que ganábamos una novia ideal las juventudes de ésta América que ella había olvidado.
La proclamación de la segunda república española en 1931, señaló la culminación de las esperanzas de varias generaciones de los sectores más cultos de España. La vanguardia del liberalismo y del republicanismo español, los dirigentes y las ideas de casi todos los movimientos reformistas de los siglos XIX y XX estaban centrados en la elite cultural de la nación.
Era demasiado para este parto republicano que no había sido distócico para ser perdurable. Las fuerzas desplazadas conspiraban en sacristías y cuarteles, después vendría el drama brutal, el desgajamiento español. El pueblo defendió a la república contra un ejército nutrido por la protección de las potencias fascistas que ahí ensayaron sus posibilidades bélicas con vistas a la guerra que desatarían poco después. El solar de Juan Español, fue así, convertido en cultivo de odios; en ensayo de estrategias y de armas nuevas mientras los países obligados, hasta por propio interés, a auxiliar a un gobierno amigo de indiscutible legitimidad, se refugiaron en un “Comité de no Intervención”, para dejar libre la intervención de los cómplices del golpe militar. Alemania e Italia. La hipocresía de los Ingleses y Franceses se identifica como una de las vergüenzas de ése siglo, es precisamente ésa indiferencia cobarde con la cual las llamadas democracias occidentales entregaron a España en la ingenua esperanza de que el fascismo se saciara y no arremetiera después contra ellas mismas. Como lo sería un par de años después con la segunda guerra mundial.
Todo fue inútil para la conservación de los esquemas republicanos. El hecho de que el pueblo español haya sostenido tres años tan desigual batalla, solo refresca la valentía y nobleza de los republicanos de todo corte en el que no faltaron la participación de mexicanos en las brigadas internacionales, Octavio Paz, David Alfaro Siqueiros, que junto con Pablo Neruda y Cesar Vallejo combatieron contra el fascismo en defensa de la segunda república.
Es difícil, todavía hoy, comprender como pudieron ser tan ciegas y temerosas las democracias de occidente al permanecer indiferentes a ésa embestida fascista que habría de ensangrentar a toda España. Recordar el impacto que la guerra de España causó en México, es evocar al General Lázaro Cárdenas y su actitud frente al conflicto. Las polémicas en México se encrespaban. La vieja colonia española era un sector fuerte en el comercio y en ciertas industrias presionaban en favor de la corriente Franquista.
Los poderosos núcleos afectados por la política del General Cárdenas se declararon también rotundamente Franquistas y la influencia de sus recursos económicos se reflejó en la Prensa de entonces a favor de Franco. Frente a ésa situación, se advirtieron manifestaciones populares del pueblo en apoyo a la república, que entusiasmado con la heroica resistencia de los milicianos, no pocos mexicanos fueron a España a pedir un lugar en las brigadas internacionales para luchar al lado de la república.
En 1939 cayó la república y no se advirtió en el ambiente internacional lo que ése triunfo del fascismo significaba no solamente para España sino para todos.
El drama español dejó marcados a simpatizantes y enemigos de la república, definió posiciones ideológicas y separó a Progresistas indiferentes y retrógrados y esto, en realidad sucedió en todo el mundo. Con el correr de los años se fue advirtiendo qué camino tomó cada quien. Pero sobre corrientes políticas de diferente y contrastado matiz, la hondura de ése tremendo drama humano no puede olvidarse, por lo que representó como naufragio de los mas altos valores del hombre ni por lo que aún advierte como lección que parece que no aprendimos.
Con la derrota se inició el éxodo. Nunca los vencidos fueron tratados con tan extrema crueldad ni nunca, tampoco, salió de su patria una gran parte de su pueblo para buscar asilo, libertad y posibilidades de realización.

Los campos de Francia se llenaron de víctimas. Pero no hallaron entonces asilo sino prisión. Por otra parte, en el tránsito por la montaña fronteriza muchos españoles dejaron la vida, y entre otras muchas pérdidas, hubo de registrarse la de Antonio Machado, quien fue a acompañar a Federico García Lorca en el paraíso de los poetas mayores de los que saben el pasado, el presente y el futuro.
Para centenares de miles de españoles quedaba solo la incertidumbre de empezar otra vez. Entre ellos había intelectuales del más alto nivel, pues fueron los menos los que quedaron en la patria herida; profesionistas, obreros y campesinos. Ser español fue entonces, como ser peregrino de la libertad y misionero de la justicia entre los hombres.
El saber histórico de México en los treinta según Don Luis González y González se debatía entre el pelotón de los conservadores de siempre que defendían la obra de España en América y el desenlace dado por Iturbide a la lucha de emancipación, y maldecían a Juárez y a sus amigos; algunos supervivientes de la época liberal, admiradores del edén prehispánico, enemigos del procaz aventurero Hernán Cortés, Juaristas y clerofobos, y los mas exaltados y menos detectives de aquella república de clío, los historiadores Marxistas de la época que modificaban los textos tradicionales de la historia mexicana con la sustitución de adjetivos. En lugar de cura Hidalgo ponían el obrero Hidalgo y encontraban lucha de clases en todo. La rica tradición, sigue González diciendo, se deshacía entre juncos, toros y ramas. Izquierdas y derechas, reaccionarios y revolucionarios, hispanistas e indigenistas, no había forma de sacar al buey histórico de la barranca según Don Luis, ése era el debate en el que el México de los treintas se encontraba en el éxodo español.
Algunos de los barcos del éxodo español entre otros fueron el Ipanema, el Mexique y el Sinaía que llegó el 13 de Junio de 1939 con 1599 pasajeros que habían sido seleccionados entre otros por el Embajador Narciso Bassols, ayudado por Fernando y Susana Gamboa de la legación mexicana en París, en éste llegaría nuestro poeta Pedro Garfias. La travesía del Sinaí sería ética y está consignada en el “Diario del Sinaí” publicado por el Colegio de México, sabían todos ellos que tenían la oportunidad de comenzar una nueva vida, el filósofo y poeta Sánchez Vázquez, Juan Rejano, y Andujar escribieron en diversos textos memorialísticos lo que significó viajar como compañeros de bodega de Pedro Garfias, un poeta al que la vida iba tornando el perfil del mito.
En aquellas noches buscando las costas desconocidas del Atlántico, sonaban pasos dobles que interpretaban los músicos de la banda de Madrid. A veces se improvisaban verbenas y hasta dividieron el barco según los barrios madrileños: Cuatro Caminos, Las Ventas, Salamanca……cualquier cosa con tal de no olvidar. Anoche el Sinaía sacó su traje de fiestas. Se celebraba una verbena al estilo de las castizas de Madrid. Claro que faltaban los churros, los mantones de Manila…….de las 8:30 a las 11:00 de la noche se bailó sin descanso, aparece todo eso en la crónica del Diario publicado por el referido Colegio. En una de estas noches de los 18 días que duró la travesía Garfias compondría uno de los poemas más emblemáticos del exilio.
ENTRE ESPAÑA Y MÉXICO

A bordo del “Sinaía”

Qué hilo tan fino, qué delgado junco
---de acero fiel ---nos une y nos separa
con España presente en el recuerdo,
con México presente en la esperanza.
Repite el mar sus cóncavos azules,
repite el cielo sus tranquilas aguas
y entre el cielo y el mar ensayan vuelos
de análoga ambición, nuestras miradas.

España que perdimos, no nos pierdas;
guárdanos en tu frente derrumbada,
conserva a tu costado el hueco vivo
de nuestra ausencia amarga
que un día volveremos, más veloces,
sobre la densa y poderosa espalda
de este mar, con los brazos ondeantes
y el latido del mar en la garganta.

Y tu, México libre, pueblo abierto
al ágil viento y a la luz del alba,
indios de clara estirpe, campesinos
con tierras, con simientes y con máquinas;
proletarios gigantes de anchas manos
que forjan el destino de la Patria;
pueblo libre de México:
como otro tiempo por la mar salada
te va un río español de sangre roja,
de generosa sangre desbordada.
Pero eres tú esta vez quien nos conquistas,
y para siempre, ¡oh vieja y nueva España¿Pero quién es Pedro Garfias? 27 de Mayo en Salamanca en 1901 nace nuestro poeta, andaluz por convicción, salmantino de nacimiento. A los 15 años en la ciudad de Cabra publica sus primeros versos. Para Luis Rius hay tres etapas en la obra de Garfias, la esticista, la comprometida y la intimista. Se convierte a temprana edad en uno de los Pontífices vanguardistas del ultraísmo con su libro del ala sur pero dejemos que sea él en sus palabras quien nos hable de ésta etapa, dice Garfias, de todo hubo en aquel movimiento que fue eso, movimiento y no escuela. El Manifiesto ultraísta no contenía programa ni normas estéticas, como el del futurismo. Pretendía solamente renovar, airear la literatura de entonces, excitar a los jóvenes a buscarse, huyendo de la imitación y del tópico. Y sin iconoclasias pueriles. En todo el ultraísmo no se escribió una palabra contra los auténticos maestros, aquellos en cuya lectura continúa Garfias, nos habíamos formado: Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Únicamente se arremetió contra los falsificadores del arte que pululando por las revistas ilustradas lo infectaban todo de ramplonería y vulgaridad, haber descubierto a Nora y Jorge Luis Borges fue uno de los principales saldos de éste movimiento ultraísta.
Pero dejemos que sea Juan Rejano que retrate a nuestro poeta como un poeta lo hace con otro poeta.
De oscuro pájaro ganchudo la faz, reverso insólito de un alma
luminosa, melancólica, manadora de sueños, como la
sepultada estrella de la niñez;
revuelta; hirsuta la melena de cansado león sobre una frente
organizada para los pensamientos que con la virgen ternura se humedecen;
agudos y endrinos los ojos dispares, disparados y anublados a
un tiempo por frío velo crepuscular, como esos pequeños
relámpagos estrangulados en un cielo de nácar aborrascado,
un rictus de bondadosa amargura en la boca navajeada, por
donde han brotado tantas sílabas musicales, que apenas
quedan campanas en las torres herrumbrosas, lenguas de
cristal en los ríos romanceros (…)
(…) aquí está Pedro
aqui está Pedro Garfias de Ecija, de Cabra, de Osuna,
Pedro de la compañía bética y de las marismas que llegan a Tartesos
Pedro poeta, contra él mismo: Pedro contra todos,
mago de los naipes líricos, maestros de los otros naipes que abanican
madrugadas de azar y livideces recónditas;
(…) Miradlo todavía penetrando noches, respirando auroras,
la garganta juglar enriquecida de decir el metro armonioso de
su evangelio,
de su poesía, abrevada en lo esencial hasta cuando briza las
cosas más cercanas (…)
(…) ¡Cerrad vuestras trampas, vuestros podridos legajos, torpes,
interesados antólogos, historiadores literarios del agua chirle,
que tanto le habéis postergado, que tantas veces
habéis olvidado esta poesía, olvidado al que no conoce el olvido!
Aquí esta Pedro ¡Miradlo!
Aquí está Pedro Garfias.
Aquí está el poeta contra todos: contra él mismo.
¡Aquí –miradlo- está el poeta!
Soldado y poeta durante tres años fue Pedro Garfias, son múltiples las anécdotas como su participación para que los Republicanos no abandonaran Pozo Blanco ante la embestida del ejército Franquista, defenderlo hasta el último momento decía, eso se hizo axial, eso se hizo por encima de las órdenes del Estado Mayor Republicano ganándose ésa batalla por su intervención. Por sus poesías de la guerra le fue concedido el premio nacional de literatura en 1938, el jurado lo formaba, Enrique Díez Canedo, Tomás Navarro Tomás y Antonio Machado. A éste último le dedicó un epitafio que les comparto:

EPITAFIO A ANTONIO MACHADO
Qué cerca de tu tierra te has sabido quedar.
así el viento de España te cantara al oído
poco que desborde su vuelo circular y el sol mirarte, cuando en el mediodía
frene su impulso fiero, antes de resbalar.
La conquista o la pérdida de una ciudad, el movimiento de un cuerpo del ejército, la muerte de un jefe, y su acento, como el de los viejos versos populares con un contenido ético y lírico es como su poesía de guerra constituye una materia objetiva, histórica y con expresiones altamente afectivas. Lo mismo la defensa de Teruel, poemas al Teniente Castillo, al Teniente Ruperto Castellanos, asi como al toque de corneta, a la retaguardia Valenciana que dice al final, yo voy con los míos. A dejar mi cuerpo sobre la trinchera. A abrir zanjas con uñas y dientes. A vivir o a morir, lo que sea. ¡A mi nadie me quita este cielo! ¡A mi no me quita ni Dios esta tierra! Pero ninguno como aquel campesino que iba con él en un camión rumbo a su primer combate y que a pregunta de Garfias lo interroga que porqué combatía y éste le contesta que por la libertad y la defensa de la República, al bajar del camión el campesino muere por una bala sin haber entrado en combate.
MILICIANO MUERTO
Qué dulce muerte le dio
la bala que lo mató.
Le ví sobre la trinchera derribado
con el fusil empuñado.
Tiernos paisajes en flor
le fluían a los ojos
que la muerte no cerró.
Yo vi. en sus ojos su vida.
Vi su niñez espantada,
su juventud desolada
sin una interrogación.
Y vi sus días iguales.
Y vi su resignación.
Qué dulce muerte le dio la bala que lo mató.
Le sacudieron los vientos rebeldes el corazón.
Con el fusil en la mano
y en la garganta un clamor salió a defender su tierra,
La que nunca poseyó.

Su primera escala rumbo a México fue Inglaterra en un pueblo inglés llamado Eaton Hastings, ahí creó los poemas que constituirían su primer libro del exilio “Primavera en Eaton Hastings” poema bucólico con intermedios de llanto. Cuenta Neruda que nuestro poeta iba cada día a la taberna del condado y silenciosamente pues no hablaba inglés, bebía melancólicamente su solitaria cerveza…cada noche Garfias era acogido por el tabernero, solitario como él, sin su mujer y sin familia. Poco a poco sus lenguas se desataron, Garfias le contaba toda la guerra de España, con juramentos, con interjecciones y con imprecaciones muy andaluzas. El tabernero lo escuchaba en religioso silencio, sin entender naturalmente una sola palabra…cuando Garfias hubo de partir para México se despidieron bebiendo y hablando, abrazándose y llorando, la emoción que los unía era la separación de sus soledades decía Neruda. Este primer texto del exilio advierte lo que está por venir en la obra de Garfias, para Dámaso Alonso éste junto con el Río de Aguas Amargas publicado aquí en Guadalajara constituyen lo mejor de la poesía del exilio, les comparto fragmentos de algunos de ellos.
INTERMEDIO: LLANTO SOBRE UNA ISLA
AHORA
Ahora sí que voy a llorar sobre esta gran roca sentado
la cabeza en la bruma y los pies en el agua
y el cigarrillo apagado entre los dedos…

Ahora voy a llorar por los que han muerto sin saber porqué
cuyos porqués resuenan todavía
en la tirante bóveda impasible…
y también por vosotras, lívidas, turbias, desinfladas madres
vientres de larga voz que araña los caminos.
Un llanto espeso por los pueblecitos
que ayer triscaban a un sol cándido y jovial
y hoy mugen a las sombras tras las empalizadas
y por las multitudes
que pasan sus vigilias escarbando la tierra.
Un llanto viudo por los transeúntes
Tan serios en el ataúd de su levita.
Si me pusiese en pie, con todo mi dolor,
por cima de estas frescas lomas primaverales
que surcan en arroyos las aguas y los pinos
podría hablar contigo, Destino que me acechas.
Te presiento en lo hondo de este largo camino
que junta sus orillas allí donde mis ojos
no llegan con su vuelo: te adivino paciente
como el suelo que piso. No me engaña esta flor
de la voz diminuta ni me enreda en sus giros
este pájaro hueco. A través de la tarde
voy a ti todo recto como el día a la noche.
En Junio de 1939 llegó Garfias a México, de inmediato no tuvo un lugar fijo de residencia, lo mismo se le encontraba en Guanajuato donde contribuyó a la fundación de la facultad de filosofía, en Tampico, Puebla, y probablemente entre Nuevo León y Guadalajara pasaba la mayor parte de su tiempo, donde eventualmente se alojaba, en el mejor de los casos si las cooperaciones por sus recitales de poesía alcanzaban para una casa de asistencia, como sucedía en Guadalajara, en la casi esquina de Maestranza y la calle de Juárez donde era habitual encontrarlo alojado. Las tabernas, el Gallo de Oro en México, la actual Maestranza aquí en Guadalajara, en esta cantina en la calle del mismo nombre existe una placa alusiva a su asistencia regular pero dejemos que un amigo entrañable de él, español, Virgilio Fernández del Real, nos hable del Pedro Garfias atrapado por voluntad en el alcohol….dice, Pedro caminaba…..era impresionante verlo, lento, abstraído, silente. Pasos los suyos, llenos de pesadumbre. Caminaba hacia adelante en lo físico, hacia atrás, hacia el sueño de su propia vida tan remota. Todavía murmuran por ahí los filisteos almidonados que Pedro iba borracho. Como el navío de una vida naufragada dando barquinazos en la noche, pero y qué, decía su amigo, uno se emborracha entre otras cosas, por dos motivos, por evadirse de uno mismo, por hacer una cosa, una cosa mas ---hasta la inercia---.

Pero el otro motivo dice, que cuando uno ya acumuló demasiado llanto, lágrimas del llanto que no se llora, también se emborracha, ésas eran según Virgilio entre otras las razones de Pedro para hacer lo que hacía con el alcohol.
De su paso por Guadalajara existen múltiples evidencias documentales, de las mas importantes es la de mi maestro Jorge Delgado Reyes, decía, lo mismo lo encontrábamos en el café Apolo, en el Gato Internacional, en el Casino América y particularmente en lo que entonces era el Ateneo de Jalisco cuyas reuniones de éste último se realizaban en el Paraninfo de nuestra casa de estudios; Eduardo González Munguía, Enrique García Ruiz, Delfino Gallo, Raúl Campos Fuentes, Hiram Fernández Delgado, Francisco González García, Roberto Martínez Cuevas, Roberto Vázquez Pallares, Arturo Hernández Aguilera y Francisco Briseño Alatorre entre otros eran los médicos con los que Garfias sostenía una relación de amistad y de interés por la poesía.
Seguramente en Guadalajara, se sentía avenido o en su querencia porque es en ésta ciudad donde publica lo que para muchos es la mejor obra poética del exilio, Río de Aguas Amargas, todo el libro tiene una presentación trágica, en una clara antítesis el agua no puede saber amarga, pero así lo siente el poeta quien compara el río con la vida del exiliado.
El libro está dedicado a Don Ramón Valle propietario del bar “El Gallo de Oro”, a Santiago Roel con quien tuvo una amistad importante con el que sería posteriormente Secretario de Relaciones Exteriores el poema árbol, a los señores Chidán comerciantes Libaneses; los sonetos, a Alfredo Gracia Vicente exiliado Español en Monterrey; a Pedro Camacho exiliado también, a su padre Antonio Garfias y su poema “Sueño” dedicado a su madre que quisiera compartirles.
SUEÑO
Anoche la volví a ver
después de cincuenta años.
Yo me debatía entre miedos,
me acongojaban las sombras,
se me salía el corazón
por la boca.
Cuando la sentí llegar,
me fui haciendo pequeñito,
se me alargaron los brazos
unté mis ojos mojados
se descubrió un mundo mágico.
Dí los dos primeros pasos,
uno solo, repetido:
Ma…Ma.
Una palabra y un beso y una mano
me vistieron de luz hasta los pies.
Me fui quedando dormido
y comprendí que ya, nunca
más, tendría miedo.
Que podía dormir tranquilo.
El prólogo es de Don Arturo Rivas Sainz, la técnica que lo es; decía Don Arturo que había tenido el privilegio de asistir a la gestación y navidad de un poema Garfiano. Sobre un pié ocasionalmente surgido en una conversación de viaje, Pedro se puso a la obra, muchas veces repetía un verso y cada una era distinta, pues la voz clave no se ceñía con exactitud requerida al pensamiento o a la música sino escuchemos el poema con el que empieza su río de Aguas Amargas.
La palabra se rebela.
Si no la cuidas se escapa.
porque tiene su querencia.
Te procura.
De noche te asaetea
de día levanta el vuelo
y se aleja.
La palabra busca siempre su querencia.
Antes de dormirte todo
hazte el dormido y espera;
pero cuando llegue, cuídala,
acomódala en su tienda,
que sienta calor y frío,
que se ajuste, que se avenga,
que respire, que se quede.
Y verás, si es que se queda,
como suena la palabra
cuando suena.
Todo el texto, es un constante agradecimiento a sus amigos Rafael Del Río, a Juan Rejano, a Pedro Camacho, a Alfredo Gracia, al maestro Francisco Briseño Alatorre, al que le dedica el siguiente poema:
Briseño es un huichol
pero no lo es.
Cuando los llantos largos
los sabe retener.
Cuando las penas duras
las sabe enmudecer.
Cuando la fría cólera
la sabe sostener.
Nunca quiso ganar
siempre supo perder.
A todos repartió
lo que solo era de él.
Y nunca tuvo mas
de lo que hay que tener.
Porque él es un huichol
pero que no lo es.
Me gustaría que fuese tarde y oscura la tarde de mi agonía, había dicho Garfias y el deseo se cumplió, murió el 9 de Agosto de 1967 a las 20:30 horas en el Hospital Universitario de Nuevo León, está enterrado en el panteón del Carmen en el Estado de Nuevo León. Don Raúl Rangel Frias pronunció la oración fúnebre.

Sabes Pedro? Somos unos pocos de tus amigos, otros, no pudieron venir, los pájaros y las estrellas. Mira, esto se acabó; tu dolor y soledad. Ahora empiezan los nuestros. En el umbral del tránsito oscuro, antes que te vayas déjame decirte. Eras un viejo madero útil, herido en el costado, batido por las aguas, comido por la sal. Viejo madero útil, mascarón de proa, tu ojo inmóvil y estrábico escrutaba el misterio, poeta de tu España de siglos. Como ella eran tus versos que no están hechos de palabras. Son pasos y estancias de tu andar.
Doctor Raúl Vargaas López
25 de Septiembe de 2007
Auditorium magno del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara